Cimarrón (1960)
hace 21 horas

Cimarrón (1960) fue uno de los proyectos presupuestariamente más ambiciosos de la Metro Goldwyn Mayer y también uno de sus fracasos más sonoros. La major echó la casa por la ventana: 368 personajes con diálogo, vestuario reconstruido rigurosamente, 300 carros modelo 1889 y además el desplazamiento de material y personal más importante de su historia para rodar en el Sur de Arizona, entre Tucson y Tombstone, en un rodaje que duró tres meses. Edmund Grainger, el productor de la Metro, inquieto por el viraje político que toma la película, se asusta y acorta el rodaje. La mitad del metraje consagrado a Boy Yountis —un personaje clave en la novela— y la casi totalidad del de Anne Baxter se cortan en el montaje, quizá porque pueden resultar conflictivos para la censura. Se encarga a Arnold Schulman que escriba nuevas escenas para Maria Schell, hasta aquel momento con poca presencia en el film. Se obliga a que Mann ruede en estudios secuencias previstas en exteriores. Y Reggie Callow rueda algunas secuencias adicionales. El resultado es que Mann se indigna y se muestra en total desacuerdo con el montaje final.
La Metro había querido repetir el éxito de la primera versión de la novela-saga de Edna Ferber, publicada en 1930, dirigida en 1931 por Wesley Ruggles e interpretada por Richard e Irene Dunne, el mayor éxito de los principios del cine sonoro, pero las interferencias en el trabajo de Mann dieron al traste con el proyecto, resultando finalmente una mezcla de western con "americana", que no complació a nadie. Mann confiesa que cometió un error al realizarlo: «No obstante, el punto de partida era interesante. Se trataba de mostrar cómo los hombres se instalaban en parajes desérticos y cómo surgían y crecían las ciudades poco a poco. Es así como se hizo América».
22 de julio de 1889. Este día se asignarán los últimos territorios por colonizar del que será el territorio de Oklahoma, en una carrera organizada y vigilada por el ejército. Sabra, la hija de una familia pequeño burguesa del Este, se ha enamorado de Yancey Cravatt, un hombre de quien sabe muy poco. Lo irá descubriendo poco a poco cuando, ya casados, ambos participen en la carrera. Lo empieza a conocer cuando tres muchachos la sorprenden bañándose desnuda en un pequeño lago. Yancey se enfada pero después, al conocer a uno de ellos, se muestra increíblemente cordial. Antes de la carrera, su marido se encuentra con viejos amigos y conocidos, entre ellos, sus padres adoptivos, un viejo editor de periódicos y su mujer; defiende a un indio y ayudan a Tom Wyatt —y a su familia numerosa— a que puedan participar (con el paso de los años Wyatt se convertirá en un magnate del petróleo con pocos escrúpulos). Yancey no puede conseguir la parcela con que soñaba batido en el último momento por Dixie, una prostituta con la que años atrás sostuvo un apasionado romance y que trata de recuperarle por todos los medios.
Desanimado, sigue los pasos del viejo editor, que ha muerto durante la carrera, y crea un periódico que, en su afán de defender y decir la verdad, le trae infinitas complicaciones. Pero sus inquietudes no le permiten permanecer siempre en el mismo sitio ni mucho menos tener un hogar estable. Desaparece de la vida de su mujer, combate en la guerra contra España para la liberación de Cuba y finalmente muere, se supone, que en la Primera Guerra Mundial. Su mujer ha continuado sus negocios y ha creado un imperio periodístico.
El film no hace justicia a la novela original con la que Edna Ferber quería hacer para Oklahoma lo mismo que había hecho para Texas con Gigante. Y formalmente queda partido en dos mitades irreconciliables: la primera es un western en estado puro marcado por la impresionante e histórica carrera de colonos (también una secuencia clave de la primera versión). Dura diez minutos y medio y la carrera en sí seis minutos. Es sin lugar a dudas lo mejor de la película y —junto con el ambiente previo de aquel campamento que reunió a diez mil personas— la que simboliza la forma de vida de los pioneros norteamericanos. Es una lucha sin cuartel para conseguir tierras en la que casi todos pasan por encima de cualquier obstáculo —humano incluso— para lograr sus fines. Es la ley del más fuerte, del más astuto o del más desalmado.
Pero, después, cuando desaparece Glenn Ford de la pantalla desaparece todo el western. La segunda mitad —mutilada sensiblemente en la distribución europea— queda estéticamente en las antípodas, es la típica americana, una visión del ascenso hasta lo "más alto" de gente que ha surgido de la nada y en la que no están ausentes ciertas notas críticas: racismo, ambición, corrupción política, el rol del capital judío, la hipocresía social… pero formalmente con escaso interés y con obligadas elipsis que no profundizan en cada uno de los subtemas. Es cierto que se intuyen innumerables puntos de interés —muchos de los cuales entroncan con la filosofía de ciertos films de Mann— pero pertenecen más a la novela que a la película. En el centro, queda eso solo, un personaje que lucha por sus ideales en una sociedad materialista. Otros aparecen y desaparecen sin demasiadas explicaciones. Por su tono épico, Cimarrón puede considerarse como un puente entre los westerns y los futuros blockbusters de Mann.
Extracto del libro Lo esencial de Anthony Mann (escrito por Angel Comas)
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