La puerta del diablo (1950)
hace 4 horas · Actualizado hace 1 hora

Anthony Mann se adelantó a su tiempo con 'La puerta del diablo', un western de denuncia que reivindicó la figura del nativo americano y rompió los moldes del género con una estética de cine negro.
Anthony Mann debutó en el western con La puerta del diablo (1950), anticipándose a la corriente reivindicatoria del indio norteamericano, desde siempre maltratado en el género e ignorado por Hollywood, quizá por aquella frase tan ilustrativa de «el mejor indio es el indio muerto» y por extensión «excluidos». Su film se integra asimismo en la lucha por los Derechos Civiles que en aquella época sostenían Martin Luther King y otros líderes, buscando una integración real que solamente era papel mojado en la Constitución y que incluso condenaban las leyes de la mayor parte de los estados del Sur. Su personaje central —que pasa de tener resonancias gandhianas a convertirse en el rebelde sin causa típico del film noir— le sirve para poner en cuestión la aplicación práctica de la teórica igualdad social. Incluso la puesta en escena no se parece en nada a la de los westerns tradicionales: no hay espacios claramente abiertos —aunque haya lógicamente secuencias exteriores— y tanto la composición de los planos como la iluminación son propias del noir.
La influencia de su cine criminal —y especialmente del film noir— en sus westerns aparece ya claramente en La puerta del diablo. La situación del héroe es muy parecida a la del soldado que vuelve a casa, a quien no dejan que se integre, delinque y finalmente es abatido por la justicia. El indio que ha combatido, y vencido, en la guerra de Secesión que teóricamente se hizo para eliminar cualquier tipo de discriminación, se da cuenta que tras los discursos de los políticos o los militares hay más demagogia e interesada hipocresía que sinceridad. Él ha arriesgado su vida por unas ideas que después se vuelven contra su propia supervivencia y contra su propia condición de norteamericano. De hecho, sintetiza una situación parecida a la de los negros (y también la de los hispanos, indios y otras etnias) que lucharon en la entonces casi recién terminada Segunda Guerra Mundial.
El film de Mann abrió un camino que pocos meses después seguiría con mayor difusión comercial, y por tanto mayor resonancia, Flecha rota (Broken Arrow, Delmer Daves, 1950). El indio ya no era el enemigo a batir sino un ser humano como el blanco, al menos esto es lo que empezaron a decir las películas aunque la realidad fuese otra muy distinta. Films como Lanza rota (Broken Lance, Edward Dmytryk, 1954) o Apache (Robert Aldrich, 1954) machacarían en el mismo sentido propiciando incluso que John Ford, que siempre les había presentado como salvajes, les humanizase en El gran combate (Cheyenne Autumn, 1964). La frase mencionada de «el mejor indio es el indio muerto» ya no cabría más en el nuevo western.
Aunque eclipsado por sus competidoras, el film de Mann —que fue ninguneado en su momento— ha sido revalorizado por el paso del tiempo. A diferencia de algunos de los que vinieron después, aborda el tema sin concesiones ni falsos sentimentalismos —el protagonista muere y no hay historia de amor, lo que lo convirtió en veneno de taquilla— e incluso supo rebajar el glamour de una estrella tan popular como Robert Taylor, maquillándole a fondo para que pareciese verdaderamente un indio (entonces se les llamaba indios o pieles rojas, más tarde se les conocería como "nativos norteamericanos"), lo que se consigue plenamente. Con su voz profunda (perdida lamentablemente como otras tantas en el doblaje), su rostro pétreo, su mirada dura y fría… sabe transmitir los sentimientos de un hombre que sufre, muy a pesar suyo, de una extraña esquizofrenia, sintiéndose por igual indio y miembro de la sociedad blanca norteamericana.
Fue precisamente Mann quien reclamó a Taylor como protagonista contra la voluntad de la gente de la Metro que no le veía en aquel personaje. Curiosamente, Taylor vive en el film una situación muy parecida a la de Laurence Harvey, el último protagonista de Mann, quien en Sentencia para un dandy se debate entre ser ruso o norteamericano y también tiene una mujer que le ayuda. Resulta insólito por otra parte el importante papel de la mujer en La puerta del diablo, porque normalmente no lo tenía en el género y menos en los films de Mann. Este es especialmente amargo, de una dureza tremenda, nunca cae en la plática moralista y no ofrece esperanzas de que aquella injusticia pueda tener solución.
Extracto del libro Lo esencial de Anthony Mann (escrito por Angel Comas)
Argumento
Después de combatir con las tropas nordistas y ser condecorado con la medalla de honor del Congreso, Lance Poole llega a una ciudad cercana al rancho de su familia. Lance es navajo y no le recibe nadie. Entra en el saloon y festeja su regreso con el barman y con Zeke, un cliente habitual que poco después será elegido sheriff. Verne Coolan, un abogado sudista y racista les observa sin decir palabra. Lance se reúne con su padre y juntos van a su rancho, un auténtico paraíso. La guerra ha cambiado a Lance: ya no quiere seguir luchando contra los blancos e incluso viste como ellos. Está convencido de que el racismo ha desaparecido, pero después de la firma de la paz todo vuelve a ser igual que antes. La muerte de su padre —quizá porque el médico del pueblo llegó demasiado tarde por estar jugando a las cartas— revive lo que Lance ha empezado a intuir. Los indios siguen perseguidos como siempre.
Al volver había pensado en permitir que todo el mundo pudiese servirse de los pastos de sus tierras, pero ahora lo impide de forma radical. Su relación con algunos de sus vecinos se complica aún más cuando ya se ha convertido en uno de los rancheros más prósperos de la comarca. Pero aquella Constitución que él había defendido con riesgo de su propia vida, le juega una mala pasada: le deniegan la propiedad legal de sus propias tierras porque no le consideran ciudadano norteamericano sino un indio "protegido" por el gobierno. Los blancos le han convertido en lo que despectivamente llaman un renegado. Trata de luchar legalmente contra Coolan, el impulsor de toda la maniobra, ayudado por Ann, una abogada, pero, agotados todo tipo de recursos, acaba renunciando a sus ideas y acosado por la justicia, se parapeta en su rancho iniciando una guerra estéril condenada al fracaso. Los hombres de Coolan y los soldados le sitian. Lance viste su casaca azul y sus condecoraciones y después de entregarse muere.
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