Concierto para violín y orquesta num. 3, W.A. Mozart
hace 22 horas · Actualizado hace 22 horas
I. Allegro • II. Adagio • III. Rondeau. Allegro
Compuesto el 12 de septiembre de 1775, este concierto marca un punto de inflexión hacia una mayor amplitud expresiva en la producción mozartiana. Escrito probablemente para el propio compositor o para el violinista Antonio Brunetti, adopta el estilo galante influenciado por Johann Christian Bach y Michael Haydn. Destaca por su nitidez, sobriedad y economía de medios, combinadas con una intensa lirismo, especialmente en el largo y cantabile Adagio. Según el musicólogo Georges de Saint-Foix: «Todo es en este concierto simple y puro a la vez, mezcla de gracia cantante y dulzura juvenil, con un fondo de unidad íntima que Mozart no había dado hasta entonces con tanta profundidad».
Notas completas del programa de mano de la OCNE:
El joven Mozart visitó Versalles en enero de 1764. Con siete años, recorría Europa junto a su hermana Nannerl, de doce, bajo el estricto control de su padre Leopoldo, hábil administrador y sobreexigente de sus hazañas musicales. París dejó un importante beneficio económico y nuevas ideas proporcionadas por el compositor Johann Schobert, según el biógrafo Georges de Saint-Foix: el «primer poeta que Mozart había encontrado en su camino». La huella de ese encuentro permanece en los conciertos para violín escritos en 1775, quizá para uso del propio compositor o para Antonio Brunetti, violinista italiano y concertino de la orquesta del conde Hieronymus von Colloredo en la ciudad austriaca, y de quien Mozart dirá que es un «compañero completamente malcriado» (9 de julio de 1778), además de «bruto y sucio… una desgracia para su maestro, para sí mismo y para toda la orquesta».
Pero, al margen de las cuestiones domésticas, la importancia de estas obras se focaliza en un doble contexto: la independencia de un género musical aún en ciernes tras los «conciertos intercalados» entre movimientos de serenatas; y la definición del lenguaje. Mozart adopta el estilo galante en línea con Johann Christian Bach (a quien conoce en Londres), Schobert, y Michael Haydn, amigo del compositor en Salzburgo. La nitidez, la sobriedad, la economía de medios y la intensidad lírica tienen especial relevancia en el tercer y el quinto concierto. El tres, del 12 de septiembre de 1775, abre la serie hacia una mayor amplitud expresiva que deja la puerta abierta a los poderosos conciertos violinísticos que surgirán a lo largo del siglo xix. La fusión entre «música pura» y canto (la larga frase del Adagio es reveladora) es evidente, pues se construye fuera de toda asociación semántica. Se trata de un punto decisivo porque el estilo galante abandona entonces el sentido placentero, que tanta fama le otorgó. En palabras de Saint-Foix: «Todo es en este concierto simple y puro a la vez, mezcla de gracia cantante y dulzura juvenil, con un fondo de unidad íntima que Mozart no había dado hasta entonces con tanta profundidad en ninguna de sus obras».
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