El burgués gentilhombre, op. 60, Richard Strauss
hace 22 horas · Actualizado hace 22 horas
Compuesta en 1920, esta suite es el resultado de la desmembración de un proyecto más amplio que combinaba la comedia de Molière con la ópera Ariadne auf Naxos. Strauss, por sugerencia de su libretista Hugo von Hofmannsthal, recrea la obra de Molière con aires reminiscentes de Lully y fidelidad a las escenas originales. La partitura, escrita para una formación de cámara de 36 músicos, destaca por la ingravidez de sus danzas, su sentido descriptivo y sus derivas humorísticas. Incluye momentos emblemáticos como «Das Diner» (La cena), donde el salmón del Rin se apoya en una evocación wagneriana de El oro del Rin, o un solo de violonchelo que cita «La donna è mobile» de Verdi. Es un ejemplo de la inclinación clasicista de Strauss en un contexto de degradación social y política tras la Primera Guerra Mundial.
Notas completas del programa de mano de la OCNE:
El anciano Richard Strauss todavía concedió al asunto (el quilibrio de palabra (defendida por Molière) y música (en manos de Lully) naturaleza «conversacional» en Capriccio (1941), una última y etérea ópera dedicada a soñar con un «mundo que luzca distinto» (Strauss a Stefan Zweig, 24 de agosto de 1934) y en el que se admiren obras de arte capaces de encerrar «en su seno la fortaleza necesaria para vencer las resistencias.» (Zweig a Strauss, septiembre de 1934).
A partir de aquí surge la inclinación «clasicista» de Strauss como estilo que es necesario entender en el contexto de un mundo que está en degradación, que disemina los valores sociales, culturales y políticos, y que se entregó a la Primera Guerra Mundial en una clara demostración de desaliento. La «restauración creativa» de Strauss es una idea ampliamente difundida por Thomas Mann y Hugo von Hofmannsthal quien habla, en 1927, del «contexto espiritual de estos esfuerzos,». En contra de lo que escribe tantas veces, Strauss conocía muy bien el mundo en el que habitaba. Fue, precisamente, el perspicaz libretista Hofmannsthal quien propuso a Strauss revivir la obra de Molière, simplificando el enredo, añadiendo música incidental y concluyendo con la ópera mitológica Ariadne auf Naxos, con el añadido de personajes de la commedia dell’arte. La fórmula es compleja y ante el espectador resulta demasiado alambicada: por su larga duración y por la superposición de un elenco de actores y otro de cantantes. El proyecto, que se representa raramente en su totalidad, se desmembró en tres obras diferentes, incluyendo la suite (1920). Los «aires» reminiscentes de Lully y la fidelidad a las escenas de Molière definen esta recreación para 36 instrumentistas con piano,
en un tratamiento individualizado. Atiéndase a la ingravidez de los movimientos de danza, al sentido descriptivo y a las derivas humorísticas que desconcertaron a Gustav Mahler: el viento anunciando a Monsieur Jourdain y, ya en el final, «Das Diner», el plato con salmón del Rin apoyado en una evocación de El oro del Rin wagneriano, el asado que mira a los carneros del Don Quijote straussiano, y los pájaros de Der Rosenkavalier para los platos de alondras y tordos. El solo de violonchelo con un poco de «La donna è mobile», del Rigoletto de Verdi añade un detalle veleidoso. El eco straussiano en Le Bourgeois gentilhomme es un buen ejemplo de la energía emanada desde aquel Versalles lujoso hasta la pomposidad, protocolario, frío en el trato y, sin duda, artificiosamente teatral.
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